domingo 3 de abril de 2011

Superficialidad y Prejuicios (II/II)


Prejuicio.

1. m. Acción y efecto de prejuzgar.

2. m. Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.

Hace unos años encontré a una persona que pasó brevemente por mi vida, pero que fue capaz de aportar algo a mi acervo personal de ideas. Era un chico amigo de una amiga, que pasaba brevemente por Sevilla, y que, cómo me suele pasar, conocí justo cuando su etapa en la ciudad estaba llegando a su fin. Aunque soy un hombre, tengo poca empatía con el género masculino, y a veces entre amigos me siento un poco forzado en situaciones con las que no me encuentro del todo a gusto, así que cuando encuentro a algún hombre con quien siento que puedo hablar y coincidimos en cosas, lo aprecio de verdad. Bueno, este chico era escultor, lo cual le hacía bastante exótico como persona, y una de sus obras, la que estaba “promocionando” o algo, en aquel momento era acerca de los prejuicios. Él defendía que el prejuicio separaba a la gente, pero que a su vez es un elemento de unión, un pegamento que es capaz de unir. Esta unión, en mi opinión se produce fundamentalmente a dos niveles:

Por un lado, si cosificamos el prejuicio como idea, es decir, no como un prejuicio o una serie de prejuicios concretos, si no como el hecho de que todos tengamos prejuicios, vemos que es un elemento completamente instalado en las relaciones sociales, y que de alguna manera es un elemento común, tanto por un lado como por el otro. Me explico de manera gráfica y banal: los pijos no se juntan con los canis porque son canis, y los canis hacen lo propio con los pijos. El elemento común a ambos “grupos sociales” en este caso sería el prejuicio que sienten mutuamente. Bien, esto es una obviedad, y como perogrullada me limito a exponerla y no la desarrollaré.

Por otro lado los prejuicios (esta vez en plural) son la cola que une los grupos sociales, es decir, son la delgada línea que se tiende entre diferentes grupos de personas. Y no hablo única y exclusivamente de grupos estéticamente bien delimitados, como el ejemplo anteriormente expuesto, sino que podríamos hacer grupos en los que englobar personas con características de lo más peregrinas. Por ejemplo, la gente con hijos podría ser un grupo frente a los que no tienen o quieren tener hijos. Otro grupo podría ser gente nacida durante la democracia frente a gente nacida en la transición. Y otro rubias vs morenas. No importa, siempre hay un pequeño prejuicio como mínimo que bilateralmente acaba uniéndolos.

Ahora bien, esta unión es como la que se da dentro de un átomo, donde los electrones están en su orbital (Dios sabe exactamente dónde) pero no en el núcleo, con los protones y neutrones. Es decir une, pero a la distancia adecuada. Esta distancia varía intergrupalmente, pero siempre existe a priori. Interesante teoría, sobre todo porque al final acabé amando al prejuicio. Me explico, el prejuicio existe en las sociedades y nace en las sociedades como elemento regulador, se retroalimenta y mantiene un equilibrio dinámico en la sociedad que la mantiene estable. Obviamente, si veo a un yonki pinchándose heroína con los ojos desorbitados, intento pasar rápido por su lado, gracias a mi prejuicio hacia los yonkis, de la misma manera que uno no va a discotecas dónde sabe que van hordas de canis de 18 años. Hay dos puntos en esta exposición que recalco: dinamismo y a priori, al fin y al cabo un prejuicio es un pre-juicio, en nuestra mano está la de pasar esta primera “criba” y hacer un juicio, para lo cual necesitamos más elementos que poder juzgar, que la simple apariencia o idea preconcebida (prejuicio…)

¿Y a qué viene tanta explicación? Pues bien, es curioso que en nuestra sociedad, la más cercana a mí, la española que vivo día a día, encuentre que hay dos tipos de personas en cuanto a los prejuicios. A riesgo de ser tendencioso voy a plasmar dos arquetipos, más o menos caricaturizados, pero que en cierto modo nos sirven para enmarcarnos a todos y cada uno de nosotros, en mayor o menor grado, por supuesto. Por un lado está el conservador, normalmente de derechas, y que suele ser alguien prejuicioso, pero a gusto con sus prejuicios, de los que no se avergüenza y que rara vez rompería. Por otro lado está el liberal, de izquierdas, y que tiene un gran prejuicio contra los prejuicios, y que sin embargo le cuesta liberarse de sus propios prejuicios. Obviamente no estoy hablando de un pijo del PP ni de un perriflauta con rastas del partido anarka de su pueblo, son extremos en una escala. Bien, yo siempre me he considerado más liberal que conservador, aunque nunca me he identificado del todo con las ideas “liberales” preponderantes en este país. Como liberal siempre he tenido prejuicio al prejuicio, y he sido tan prejuicioso como cualquiera, algo que me resultaba algo incómodo y de alguna manera hipócrita, y Dios sabe que lo que más odio es la hipocresía. Sin embargo tras el análisis crudo del prejuicio me siento totalmente a gusto con mis prejuicios y nada hipócrita, aun así, me siento menos prejuicioso que el más liberal de los liberales. Cuando miro atrás me doy cuenta de que he roto muchos prejuicios hacia personas y cosas que me han aportado mucho una vez las he dejado entrar en mi vida y someterlas al juicio que TODOS hacemos, más o menos conscientemente.

Este post viene motivado por una situación que me he encontrado en mi vida constantemente, y que, por avatares diversos, estoy siendo consciente de que está ocurriendo de nuevo a mi alrededor. Además esto enlaza perfectamente con mi post sobre la superficialidad, de la que hable hace ya más de un año y que se completa con éste. Curiosamente, siento prejuicios hacia mí de gente que me considera superficial, y que son incapaces de romper la pequeña barrera que siempre existe cuando dos personas se conocen. Y digo curiosamente, porque la mayoría de estas personas promulgan su falta de prejuicios, su liberalismo y su riqueza interior así como su apertura de mente, y sin embargo veo, cada día, cómo se quedan conmigo en el prejuicio… Como decía en mi post anterior, se me ve distante, altivo y frívolo y el caso es que soy tímido, timidez de romper la primera barrera, no sé, nunca he sabido cómo abrir la primera puerta, lo cual no significa que no quiera abrirla. A todas estas personas, entiendo que no quieran acercarse a mí por su prejuicio, pero por favor, no sean hipócritas, acepten su prejuicio o en caso contrario, denme una oportunidad antes de decir a mis espaldas lo que no saben de mí, pensando que soy lo que no soy.

A estas alturas debería darme igual lo que los demás piensen de mí, pero el caso es que no me da igual, al menos no del todo. Sin embargo este post no es una especie de venganza o una declaración tipo “ande yo caliente”. Simplemente quiero poner de relieve una reflexión que he extraído de todo esto, que se me antoja deliciosa (a riesgo de parecer pedante): Curioso que áquel abierto de mente sin prejuicios me considere superficial según su propio prejuicio, lo cual no deja de convertirle en tremendamente superficial. Pero ¿qué más me da? Quien quiera conocerme que lo haga, yo nunca he mirado a nadie por encima del hombro, y sí, me cuesta mucho decir hola en el pasillo, así que, por favor sólo pido que se me devuelva el saludo.

jueves 10 de febrero de 2011

Carta abierta a Cristina Garmendia




Querida Cristina, o debería llamarla como procede, Doctora Garmendia, pues me consta que usted posee el título de doctor, me dirijo a usted en esta carta abierta con un triple objetivo. En primer lugar me gustaría que usted, como máximo representante del órgano de gobierno responsable del bienhacer científico del pais, estuviera al corriente de las irregularidades en el pago de la beca que sufrimos los becarios FPI (Formación de Personal Investigador). En segundo lugar me gustaría que esta carta le llegase no sólo a usted, sino a todo el que tenga curiosidad por saber a que se enfrenta un científico en formación hoy día. Por último y no menos importante, me gustaría ponerle en contexto contandole un poco acerca de mi incipiente vida científica, y las circunstancias que la rodean, de manera que le sea más fácil solidarizarse con mi causa, y seguro que encuentra algún paralelismo con lo que usted haya vivido en sus años de formación.

En cuanto al primer objetivo, los estudiantes de doctorado con una FPI en fase de beca nos encontramos a día 10 de Febrero de 2011 sin haber recibido nuestro merecido pago mensual. Sé que al ser becarios FPI cobramos a mes vencido, lo cual suele significar que cobramos entre el día 1 y el 4, lo que ya es de por sí algo difícil de llevar, pues los recibos tradicionalmente se pasan el día 1 del mes. Aun así, como buen aprendiz de científico que soy, he conseguido administrarme el "sueldo" lo suficientemente bien (hoja de excel incluida) y he conseguido pactar con mi banco y mi casera para que me pasen según que recibos a partir del día 4. Porque, como muchísimos aprendices de doctor, vivo fuera de mi ciudad natal, y tengo que costearme un sitio donde poder dormir cada noche, porque, sinceramente, el laboratorio podría estar bien para dormir, pero los fines de semana está un poco triste. En mi caso vivo en Madrid, y creo, profundamente, que los 1140 € escasos que me pagan al mes no son suficientes para esta ciudad, teniendo en cuenta que en cualquier otra pagaría la mitad de lo que pago por un sitio decente "donde caerme muerto"...pero bueno Cristina, no estamos hablando de si estamos bien pagados o no, de hecho, me hace sonar incluso egoista el querer sobrepasar la línea del mileurismo. Lo que realmente pido, que creo que no es mucho ,es que se nos pague puntualmente, simple y llanamente. Poder decir "este día tendré dinero para ir al supermercado"... ¿No es tan difícil no? Entiendo que hay gente que no lo necesita, pero eso no significa que no lo merezcan. Muchos de mis compañeros gozan de la misma beca que yo, pero viviendo con sus padres pueden permitirse alargar su demanda económica. Lamentablemente no es mi caso.

Por otro lado me pregunto por qué a las becas FPI, y no las FPU, las JAE del CSIC o cualquier otra. ¿Acaso somos predoctorales de segunda? ¡Vamos!, todos sabemos que conseguir una FPU da mucho más prestigio, pero los que no tenemos un 3 de media también tenemos derecho a sacar una tesis, al fin y al cabo en nuestra profesión es un requisito, no un complemento. Además un becario FPU y un becario FPI tienen exactamente las mismas responsabilidades de cara a su trabajo. Y Cristina, usted sabe muy bien que en un laboratorio se trabajan muchísimas horas, muchas más que en cualquier otro trabajo, tantas que no dejan complementar con otro trabajo. ¡Uy! se me ha escapado, es verdad, olvidaba que el ser poseedor de una maravillosa beca para hacer el doctorado es completamente INCOMPATIBLE con cualquier otro trabajo. Es decir, que ustedes me otorgan la maravillosa oportunidad de dedicarme al 100% a convertirme en un buen investigador por el bien personal y del pais, y que puedo dormir tranquilo el domingo por la mañana porque me van a pagar por mi trabajo y por mi brillantez (y por la suerte que he tenido en la última convocatoria). Estupendo, pero los 10 días que llevo peleándome con las facturas, no podría ganar un mísero euro de manera legal. Me parece profundamente hipócrita que estas becas sean incompatibles con otros trabajos remunerados, cuando ustedes, los ministros y empresarios tienen más fuentes de ingresos que nadie.¿Qué me impide vender un trabajo que realizo durante el fin de semana? No, nosotros, pobres becarios, estamos condenados a cuatro años de esperar a que nos paguen en algún momento indeterminado "a mes vencido", sin poder hacer nada (al menos legalmente). Usted me dirá que se hace para evitar fraudes, para evitar que haya grupos de investigación que paguen el doble por un buen estudiante, pero yo creo que lo hacen para tenernos bien atados y que ninguna de nuestras ideas "nos saque de pobres" sin haber pasado antes por el filtro de la Universidad, CSIC, centro Carlos III, o cualquier otra entidad medio estatal de la que dependamos. A usted, que es empresaria y ha sido estudiante de doctorado, no debería serle difícil comprender lo que aquí expongo.

¡Ay, Dra Garmendia! Con lo contentos que estábamos en el laboratorio cunado nos enteramos de que usted era la nueva Ministra de Ciencia e Innovación. Por aquel entonces yo estaba en el último año de carrera, me quedaban un par de asignaturas que no pude terminar en el año de intercambio que hice, (por motivos de incompatibilidades en los créditos troncales) y aproveché para entrar a empezar a hacer cosas en un laboratorio. Estuve en el laboratorio de Enrique Cerdá-Olmedo, quien se acordó de usted perfectamente, y los miembros del Departamento de Genética de la Universidad de Sevilla decidieron colgar una foto de archivo en la que se la veía a usted con el resto de los alumnos de la asignatura Biología Molecular, hacía ya algunos añitos. Me sentí orgulloso de mi jefe, de mi departamento y de mi universidad. Me alegraba tener a alguien cercano a mi tema y a mi entorno en un puesto tan importante, además por lo que prometía el presidente, parecía que todo iría a mejor en Ciencia para los próximos años. Que desengaño me llevé, no quiero exponer aquí los motivos por los que pienso que la universidad por un lado, y la ciencia por otro, en este país no va bien encaminada. Lo que sí quiero exponer es que cada vez que veo un informe sobre lo estupendo que es que España sea la 7ª u 8ª potencia científica, para orgullo y fascinación patríos, no puedo más que enfadarme. Enfadarme con un país que me tira migajas con las que malvivir y después se aprovecha de MIS logros y los de mis compañeros para vender una imagen, no del todo cierta, de progreso, grandeza y futuro a lomos del i+d+i. Como si hicieran ustedes una buena inversión y cosecharan sus logros...Los cosechan porque somos abnegados y trabajadores, pero no se lleve a error, esta abnegación no nace de la vocación, nace de nuestra cultura. Sí, de nuestra cultura de pandereta, de no saber valorarnos lo suficiente, y rompernos el lomo cual jornalero y dar gracias al señorito por darnos un trabajo, que además de todo me puedo dar con un canto en los dientes.

No quiero profundizar en lo que es el entramado científico del pais, o la situación más o menos irregular que solemos vivir los becarios. Doctora Garmendia, Señora Ministra, sé que conoce a mi ex-jefe Enrique Cerdá-Olemdo, pues hizo la licenciatura en Sevilla, sé que, al igual que a mí, le escribió una carta de recomendación que la llevó a la Universidad Autónoma de Madrid, al CBM Severo Ochoa a hacer la tesis. Lo que no sé es cómo vivió sus años en Sevilla y en Madrid, aunque me voy a permitir la osadía de suponer que usted nunca tuvo que ir al banco para pedirles que retengan un ingreso para el apartamento en el que viviera o que nunca tuvo que dejar un paquete de café en el supermercado porque no le llegaba el presupuesto. Lamentablemente, Señora Ministra, no todos tenemos padres con empresas que facturan millones de euros mensualmente. De hecho, los mios están en paro, aunque eso es otra tragedia nacional.

Espero que esta carta sirva para algo, al menos a mi me sirve, y espero que otras personas la lean. No sé si usted tiene algún tipo de poder en este asunto, pero si algún día lograra que todos cobrásemos el día 31 de cada mes, sería un gesto inolvidable para los miles de becarios que me sucederán. No lo haga por un ciudadano, hágalo por un compañero, un colega, alguien que está pasando por donde usted pasó. Se que me entiende perfectamente. Me despido, y espero que le vaya a usted tan bien como le ha ido hasta ahora.

PD: Quizás pida trabajo en su empresa cuando me doctore, no se si me está motivando mucho la carrera investigadora.

domingo 23 de enero de 2011

Ouroboros

Y por si a alguien le quedaba la duda, queda claro que los ciclos son tales por su cualidad definitoria de eternitud. De Enero a Enero, da igual, podría ser de invierno a invierno, pero la ciudad es la misma, las condiciones distintas y lo que hay entre punto y punto un océano, pero yo me siento igual.

Cuatro años para seguir aprendiendo las mismas lecciones, y las mismas canciones.

domingo 16 de enero de 2011

De cafés y otros "dados por sentados"




Llevar la contraria, ser el elemento discordante, no por destacar, sino por dar el punto de vista que se ha perdido. Es como una especie de necesidad ética de poner sobre el tapete la opinión que nadie a considerado, no quiero decir que sea como un "opinionator", esa palabra americana que define a áquel que se dedica a hablar en cada conversación para decir su opinión aunque nadie le haya dado vela en el entierro. No, nada más lejos de la realidad. Es la necesidad de la argumentación, quizás por defecto profesional, o quizás porque sí que en el fondo me gusta llamar la atención, por lo que sea, pero es una necesidad que surje, incluso a veces contradiciéndome.

Un ejemplo:

En España hay buen café, tomamos "expressos" con leche, entera, por supuesto. Y están de moda todas las cafeteras de cápsulas para hacer los cafés como en la cafetería o mejor incluso. Vaya, pues resulta que a mí la leche no me gusta y me sienta mal, el café expresso me hace daño al estómago, y cuando desayuno me gusta beberme el café a grandes sorbos. Oh, sí, pues resulta que me gusta el café americano, aguado y con poca leche, y con poco azúcar...pero que sepa a café, que éste esté bueno. Y me jode ir al starbucks a pagar 2 pavos y pico por un café de filtro, calentito y con un poco de leche desnatada, y que nunca tengan. Porque el starbucks es el único sitio en este p**o pais donde me puedo beber en la calle un café como a mi me gusta.

Mal ejemplo. Me direis que éso no es una opinión contrastada sobre algo, sino un simple gusto personal, vale, pero ¿por qué un gusto personal no puede ser un argumento válido?, sobre todo si es café de lo que hablamos. He oído mil veces esta conversación:

-Este café es mejor que el americano, que es aguachirri.
-Pues a mi me gusta más el americano.
-Vale, pero debes reconocerme que el otro es mejor...
-¿Por qué? ¿Bajo qué criterio?

Me da igual, cada vez que digo que quiero así el café y que no me gustan los puñeteros cafés de la codiciada nespresso, me miran como si fuera un bicho raro. Soy un bicho raro, pero lo único que hago es manifestar mis gustos, y odio ir a un bar y pedir un café con leche (LARGO de café) y que me pongan un tazón para echar los cereales...será que en el norte las vacas dan más leche. Porque para mí esto es el norte.

Claro que hablamos de café, el café no es importante, pero puede condicionar tu estado anímico diario, al fin y al cabo es una droga que afecta al cerebro. La necesidad de decir "así no son las cosas porque sí", no quiero ésto porque sea lo que se da por sentado, sino lo que realmente quiero, es algo que me parece que debería ejercerse más en esta sociedad. Creo que somos complacientes en exceso y eso no es bueno, sobre todo porque lo somos con nosotros mismos. Nos dedicamos a hacer lo que hay que hacer sin discutirlo, porque es lo que siempre se ha hecho, a lo mejor a raíz de un evento aleatorio que desembocó en una decisión arbitraria que llevó a una tradición (ejemplo: uvas de Nochevieja). No es que yo vaya a ser antisistema y punk, pero en mi humilde opión, a veces hay que decir "¿por qué?" en voz alta, y que alguien sea capaz de ejercer un discurso elaborado para defender sus porqués.

No digo que vaya a enfadarme con el camarero por no tener café de filtro, pero sí que ejerceré mi libertad de acción para ir a un sitio donde sí lo tengan... y empezar un día con un café como a tí te gusta...no tengo que explicar más.

Anexo:

viernes 6 de agosto de 2010

Las pequeñas diferencias 1: Los bares

Hace tiempo que quiero escribir sobre las pequeñas diferencias que he ido encontrando desde que estoy en Madrid, que son ya más de dos años si cuento los nueve meses de Séneca. Parece mentira que me haya decidido a hacer la tesis en una ciudad que hasta 2005 ni siquiera había visitado, y que nunca me había llamado la atención.

Ya se que todo el mundo conoce Madrid, y parece que todo el mundo conoce Sevilla o algo de Andalucía, pero lo cierto es que soy muy observador y me gusta clasificar las cosas que veo, y creo que hay muchos detalles que se escapan y otros que claman al cielo que no sean motivo a tratar en el debate sobre el estado de la Nación.

En principio propongo esta entrada como una serie, aunque no se para cuanto va a dar la tira, pero trataré de ser más observador si cabe para "deleitaros" con estas pequeñas diferencias.

Voy a empezar hablando de los bares, los bares de siempre, los de barrio, los clásicos. No hablaré de restaurantes, franquicias o similares, ya que son más parecidos en cualquier sitio.

Lo primero que cualquier sevillano medio (o gaditano, onubense, cordobés o malagueño, sólo los occidentales, porque en la mitad oriental funcionan de otra manera los bares y tascas) se encuentra al llegar a Madrid es que en los bares NO hay tapas. No es que no se vaya de tapas en Madrid, se va de tapas, pero te ponen lo que el camarero quiera, si tienes suerte, y con una calidad y en cantidad mucho menor que lo que puedan ponerte en Granada o La Mancha. Cuando digo que NO hay tapas es que tienes la opción ración o media ración como poco, no es como en Sevilla que el 90% de los bares tiene todos sus platos en versión miniatura a un precio asequible y para que comas variado, que es lo bonito de ir de tapas. Esto jode bastente por varios motivos, a saber, primero si vais dos personas a un bar teneis que estar de acuerdo en que quereis de ración, porque no vais a pedir una cada uno; segundo, va a salir más caro a menos que vayas en grupo; tercero, probablemente (me ha pasado) acabes hasta el empacho de croquetas o calamares sin remedio.


Ejemplo de tapa sevillana imaginativa

Por suerte en Madrid hay algo que en Sevilla es menos habitual y suple en la medida de lo posible a las tapas: las tostas (no confundir con "tostá"). Las tostas son una rebanada de pan de pueblo, más o menos grande y consistente, con algo por encima, que va desde jamón de toda la vida con tomate a cosas más elaboradas incluyendo las socorridas cebolls caramelizadas, quesos bries, y ahumados varios que encuentras en casi cualquier sitio.


Tostas

Otra diferencia es la variedad, en Madrid hay 99929239291123, aproximadamente, bares gallegos o asturianos, cuya especialidad es, en grandes cantidades, pimientos de padrón, calamares, lacón, pulpo y croquetas. Si añadimos los huevos rotos y la tortilla de patata, tenemos la carta completa del 75% de los bares madrileños. Yo diría que cualquier bar guarro de Sevilla tiene mínimo el triple de carta que un bar medio de Madrid. Y si buscamos imaginación en las tapas, entoncces échate a temblar, en Madrid hasta los bocatas los hacen de un solo ingrediente. Es inquietante cuanto menos.

Las especilaidades. Nada de pedir serranitos que no saben lo que es, es algo autóctno de Sevilla. Y tampoco aliños de pulpo, hueva, pescado, salpicón, papas aliñas o cualquier otra tapa fría (excepto tortilla de patatas...) y ojo con la ensaladilla rusa, que suele haber, pero pedidla a escondidas, porque si un madrileño te ve, se echará las manos a la cabeza y con ojos desorbitados te hablará de la Salmonella y de terribles dolores intestinales... vamos que nada frío, hay que ir a lo caliente, a lo frito. Esto me recuerda a la vez que pedí boquerones fritos en un bar por Atocha (ingenuo de mí) me pusieron unos boquerones del tamaño de anchoas de latas, tiesos, recubiertos de una capa enaceitada de rebozado de huevo, ¿tan difícil es dejar el boquerón entero, ponerle un poco de harina y meterlo a freir a la temperatura adecuada? En Madrid lo que tienes es el omnipresente pincho de tortilla, y una variedad de guarradas inimaginable: el mundo de la casquería, y cómo si de una peli gore se tratase, en Madrid se comen cosas como la oreja frita, intestinos de cordero fritos (zarajos o gallinejas), callos con garbanzos o con callos y poco más. He de reconocer que a veces son soportables, pero que normalmente son de ir con precaución. Lo que sí que hay que comer en Madrid es el cocido Madrileño (con mucha hambre, y en invierno), y si lo encuentras, el bacalao frito, delicioso.


El Serranito


Seguimos en los bares y ahora voy a dedicarme a la bebida. Lo primero es que en Madrid no hay Cruzcampo, hay Mahou. Y si encuentras Cruzcampo no es lo mismo, porque te la sirven al estilo madrileño, me explico: primero llena el vaso, después tira media cerveza porque no cierran el grifo, y después tiran espuma un rato. El resultado es que la cerveza en Madrid aguanta más tiempo con burbujas, porque se forma una capa de espuma densa, que ni loco la vas a ver en Sevilla. Lo cierto es que es una forma más tradicional y auténtica de beber cerveza que en Sevilla, donde te la tienes que beber de un trago y medio y pedir otra. Otra cosa que me llamó la atención de los bares es el vermut de grifo, que no hay en Sevilla. Es super tradicional de Madrid, y la verdad es que está muy bueno, con un levísimo toque a canela y clavo, y una rodaja de limón, entra estupendamente con unas aceitunas. Por último diré que hay bares en Madrid donde no te sirven otra cosa que cerveza, vino o vermut, ni refrescos ni leches, y eso también mola, le da un toque añejo.



Los camareros. Los camareros en Madrid no te atienden, te perdonan la vida. Bueno, los madrileños o castellanos, los latinoamericanos (que son muchos) por lo general parece que no se enteran de nada, y a veces es así, pero son muy correctos. Aunque reconozco que prefiero una carta echo de menos ese camarero con su tiza y el gran poder al cuello recitándote las tapas, mientras limpia la mesa con una mano, y con la otra coloca la silla que te falta...eficientes 100%. Hay otra cosa que me mató y es que los camareros en Madrid van muy "enchaquetados", en los bares de siempre, los clásicos, van con chaleco y hasta pajarita, están de foto.

El "selservis" o ir a pedir las tapas a la barra y traértelas a mesa es el método más habitual en Sevilla. En Madrid lo normal es que si te sientas en mesa, tengas a un camarero que te atienda, como si fuera un restaurante. Eso encarece los precios, pero normalmente es justo, cuando te atienden rápido y bien.

Para terminar, algo en lo que coinciden bares sevillanos y madrileños, la inadecuada climatización. Sí, en Madrid en agosto pueden hacer 38º y el bar tiene un ventilador de techo, y dentro se alcanzan los 50º, eso sí la terraza que está al sol desde las 12 del medio día puede ser una alternativa estupenda para ponerte moreno. En Sevilla es al contrario, aire acondicionado, sí, ¿y en invierno? Ni siquiera cierran la puerta, ¿habré comido yo veces en un bar con el abrigo puesto?, y no intentes cerrar, porque te dicen "No cierres que parece que está cerrao y no entra la gente" y se quedan tan anchos, a 10ºC.

Resumiendo, en Sevilla se come mejor de bares, más variado, más barato y mejor calidad. En Madrid quizás hay que buscar más pero encuentras bares decentes, eso sí, puedes irte de pintxos como si fuera euskadi, o comer pulpo a la gallega, o encontrar un bar canario, uno peruano, una taquería, etc... pero no serán los bares de barrio de siempre.

sábado 23 de enero de 2010

Las paradojas de ser pobre




Estoy buscando piso. Dentro de un par de semanas este post será antiguo, pero necesito dejar constancia de lo bien montados que están los planes sociales para acceder a una vivienda de alquiler, al menos en Madrid. Bien, os pongo en situación:

1. Estoy cobrando una beca del Ministerio de Ciencia para hacer la tesis, por cuatro años me pagan una cantidad que supera los 1000 € pero no llega a los 1200 €.
2. Estoy buscando piso para compartir con mi pareja, con lo cual se supone que pagaría sólo la mitad del alquiler.
3. Buscamos algo por debajo de los 750 €, por tanto pagaría como mucho 375 €, más gastos, que viene a ser lo que estoy pagando ahora por una (mísera) habitación.
4. Tengo pensado pedir la ayuda de 210 € a jóvenes menores de 30 años con ingresos regulares.

Con estos datos podemos plantear el problema, que puede recordar a los problemas de matemáticas que resolvíamos en el cole, en el que nunca nos prepararon para afrontar las situaciones que se dan en la vida real.

Para empezar, descartamos la posibilidad de ir a una agencia privada, ya que la mayoría cobran un mes de honorarios por el piso, es decir hasta 750 € por 15 minutos de su tiempo para enseñarte el inmueble. Yo también quiero un trabajo así, pero no tengo la cara tan dura. Esto nos deja 2 posibilidades: directamente alquiler al propietario (cómo se ha hecho toda la vida) o una agencia oficial de alquiler.

Veamos cómo está la opción A, ir al propietario. Hay de todo, pero la mayoría pide 2 meses de fianza, lo cual no es excesivo. Pero entonces empiezas a frustrarte, ves un piso precioso y te piden de 6 meses a 1 año de aval bancario. Esto del aval bancario, para los no iniciados, significa que vas al banco, le sueltas 5000 € y le dices que por favor, me lo guarde que yo no lo toque mientras tenga el piso alquilado, y si un mes no pago que coja el dinero el propietario. El banco accede, pero le tienes que pagar unos 120 € por hacértelo y un porcentaje del dinero cada mes por tenértelo guardado. ¡Qué buenos son los bancos, que te guardan el dinero por un módico precio! Obviamente, esta posibilidad queda descartadísima, más por principios que por no tener el dinero. Pero no nos alarmemos, que hay propietarios que son "buena gente", y te dicen, "no hombre no, aval no, con que me des 4 meses de fianza, por si acaso, vamos bien"...¡Ah! claro, que maravilla, yo te doy mis ahorros y tú le sacas partido en un fondo de inversión, total, me estás haciendo el favor de dejarme tu piso de 35 m2 por 750 míseros € al mes, le debo a vd. la vida... El tono sarcástico de ésto es difícil de reflejar.

Lo curioso del asunto es que si te compras un Audi de 30000 €, enseñando la nómina el banco te presta el dinero, y para un contrato de 700 € al mes un año (8400 €), casi tienes que firmar con sangre para que te lo hagan. No sé que tienen los pisos en España que los hace tan valioísimos, sobre todo con la nueva ley de desalojo exprés.

En Madrid hay 3 agencias oficiales: una del ayuntamiento, otra de la comunidad, y otra estatal. Como podeis imaginar, lo primero de todo es que a uno le tiemblan las piernas en cuanto la sombra de la burocracia se cierne sobre el cielo, pero como uno es becario y universitario, se arma de valor y se mete de lleno a rellenar cuantos formularios le pidan. Entonces ves un piso bonito y te mandan a la oficina del ayuntamiento. Ves otro y te mandan a la estatal, y un tercero (sorpresa) te manda a la de la comunidad. En cada sitio te piden lo mismo, y te dicen 10 a 15 días para que te digan si eres VIABLE para alquilar el inmueble deseado. Es decir, el gobierno te pone un APTO o NO APTO para vivir donde TÚ quieres y TÚ has decidido como persona adulta y responsable que eres capaz de pagar.

Hasta aquí todo bien, más o menos, tiene sus ventajas, sólo te piden un mes de fianza, se supone que la agencia oficial intercede en cualquier conflicto, son pisos más ajustados a su precio de tasación real... no tiene nada de mala pinta. Pero entonces me dicen "oiga ud gana 1200 € escasos, y el piso cuesta 700...¿cómo piensa vivir con menos de 500 € al mes? no, no podemos darle ese piso" y entonces dices que es para compartir, y sólo pago la mitad..."ah, haberlo dicho antes, vale, te damos el piso" Pero aquí no termina la cosa, si recordais quiero la ayuda a la emancipación para alquiler: 210 € al mes. Es un dinero, con el que comemos dos de sobra, por ejemplo. Y la solicito, pero leyendo la letra pequeña "Si el piso es compartido, la cuantía de la ayuda se dividirá entre el número de inquilinos" Con la Iglesia hemos topado...Recapitulando: para pedir el piso, no hay problema que comparta con mi pareja que es estudiante, porque la avala su madre, pero no puede pedir su parte de la ayuda porque no tiene (aun) ingresos. ¡Oh, qué maravilla!, me niegan firmar a mí solo porque cobro demasiado poco, y a su vez estiman que sólo merezco la mitad de la ayuda porque pago medio piso... A mí os juro que me da la risa floja.

Con suerte la semana que viene tendré piso, y esto parecerá un mal sueño. Pero dejo constancia para los intrépidos que en un futuro cercano quieran emanciparse y vivir dignamente, aun con todos los obstáculos que se encuentren por el camino.

PD: de los cuchitriles que me he encontrado por el camnino...ni hablo, que aun tengo pesadillas.

viernes 23 de octubre de 2009

Las mil y una profesiones del científico actual




Alguna vez me he preguntado si en lugar de estudiar una (algunos dos) licenciatura, deberíamos estudiar unas cuantas para llegar a los niveles de conocimientos y técnicas que se nos exige en una carrera investigadora. Y es que el que me lea que se dedique a la ciencia, al menos en el campo de las “biociencias moleculares”, como está de moda llamarle ahora, estará de acuerdo con las habilidades que tenemos que exhibir a lo largo del día como si fuera para lo que se nos ha preparado en la licenciatura propiamente dicha (¡já!). Así, detallaré una serie de “profesiones” que uno tiene que desempeñar día a día en el laboratorio, o en su ámbito para progresar en este “mundillo” que es la ciencia.

Así un científico tiene que ser:

Ingeniero, porque un ingeniero es una persona que resuelve problemas, y un científico resuelve problemas a todas horas. Un científico tiene que diseñar experimentos, y tiene que tener en cuenta TODO: materiales, disponibilidad, personal, fondos, experiencia previa, y además tomar todo esto y hacerlo lo más óptimo posible (y ya sé que óptimo es un absoluto incuantificable).

Artesano, porque después de diseñar el experimento hay cosas que no están disponibles en el mercado, y entonces entra esa chispa creativa del artesano que con lo que tiene a mano y herramientas más o menos rudimentarias se monta el cacharro, aparato, o sistema que necesite. Aún recuerdo los sistemas de lentes acopladas a cajas de corcho blanco que había que montarse en el departamento de Genética de Sevilla para los experimentos.



Economista, microcentrífuga 5000€, varios anticuerpos, 1200€, tubitos de pre mix de PCR 250 €, pipeta multicanal 600€, varios siRNA, 1200€; que te gastes casi lo que tú ganas en un año en hacer un experimento y que el control negativo sea positivo (¡a la basura!) no tiene precio.

Cocinero, y no sólo porque seguir un protocolo es lo más parecido a seguir una receta, sino porque asó como cuando un buen cocinero se encuentra con “huecos” en la receta, tales como tiempos de cocción, o la especia que le falta para darle el último toque, un buen científico sabe por experiencia cómo rellenar los huecos de esos protocolos esqueléticos a los que se enfrenta habitualmente.



Médico, lejos del glamour del House resuelvelotodo, y del happy mundo donde todos se lían con todos de Anatomía de Grey, nosotros tenemos que aprender a abrir animalitos (véase ratas, ratones, zebrafishes) y hacerles cosas (véase implantarles tumores, sacarles órganos, sacarles fetos, insertarles embriones, qué bonito…), y a veces- sólo a veces- volver a cerrar y coser, y que no se mueran, que te jode el experimento que llevas preparando desde hace 5 meses… desfibrilo yo al ratón con los cables de la tele si hace falta.

Fotógrafo, y no hablo de la típica foto que vemos de un ratón gigante con el receptor de la hormona de crecimiento constitutivamente activo al lado de uno normal, no. Hablo de que un microscopio confocal es en esencia igual que una cámara digital…excepto porque en una cámara tienes diafragma, objetivo, iso y velocidad de obturación, y en un confocal además tienes líquidos de inmersión, potencia del láser, ganancia del sensor, configuración de filtros para diferentes longitudes de onda, posibilidad de hacer cortes en diferentes planos focales, y algunos parámetros más que volverían loco a cualquier fotógrafo. Y por si esto fuera poco, además de la fotografía digital, te tienes que meter en un cuarto oscuro, exponer con ayuda de un temporizador la película para los western blots, y después ponerle el líquido de revelado y de fijación…y todo a oscuras con la lucecita roja, como en las pelis.

Informático, y me vendréis diciendo que no, que el uso del ordenador está tan institucionalizado como el de la tele. Sí, pero apuesto a que cuando miráis el Facebook no estáis diciéndole qué algoritmo tiene que utilizar para mandarle la galleta de la suerte a tus amigos, cosa que uno tiene que hacer cuando trabaja con programas de alineamiento de secuencias. Y si hablamos ya de análisis transcriptómicos de microarrays, agárrate.



Diseñador gráfico, yo me río cuando veo a la gente yendo a cursos de diseño gráfico donde le enseñan a usar photoshop, ilustrator, flash, y programas de este tipo…me río porque a mi se me ha exigido su uso, sin pasar previamente por ninguna formación. Y es que las imágenes tan bonitas que uno ve en los libros de la carrera de proteínas interaccionando unas con otras, y las membranas perfectas con efecto de sombreado, esas las hace el becario de turno, fijo.

Escritor, porque un paper puede no ser el mejor ejemplo de literatura contemporánea, pero ¡oye, hay que escribirlo! Y no sólo vale con poner tus resultados…cuando uno tiene limitaciones de caracteres tiene que pensarse bastante la palabra que mejor define lo que quieres enseñar. Si Góngora levantara la cabeza y leyera un Nature.

Traductor, En pocas palabras, English is the new Latin.

Vendedor, porque no basta con que tu trabajo sea bueno, demuestres que has encontrado la piedra filosofal de la biología molecular, o hayas desarrollado ratones transgénicos que bailan la jota, además hay que saber vender la moto.

Mendigo, porque el científico actual (al menos en este país) tiene que desarrollar hasta sus últimas consecuencias el arte de “dame argo, ¿no?”. Hay que poner cara de hambre, pero a la vez tienes que convencer de que vas a salvar el mundo para que suelten la pasta. Bueno, reconozcamos que este punto podría entrar en "vendedor", al fin y al cabo, tú no le abres la puerta a la yonki que pide leche, igual que no se la abres al tipo enchaquetado que vende enciclopedias.



Arqueólogo, o cómo encontrar ese paper de 1976, crucial para tu tesis, que resulta que la revista que lo publicó, ha decidido digitalizar sólo desde 1995, y la única copia que hay en la ciudad está en un sótano de la hemeroteca de la facultad de medicina de la Complutense. Y si tienes la suerte de encontrar la ubicación entre los pasadizos del edificio sin perderte, además de encontrar la hemeroteca abierta, si además te permiten el acceso a él, y lo ves en una de las vitrinas polvorientas (que probablemente aun tengan las huellas de Ramón y Cajal) todavía puede que se lo hayan comido las polillas. Bueno y no digamos volver a salir de ese sótano, digno de Indiana Jones (yo probé a llamar a emergencias, pero ahí no hay cobertura).

Maquetador gráfico, porque las figuras no se montan solas, y no basta con obtener las imágenes, escanear los geles y escribir los textos, no, hay que montar las figuras. Y que yo recuerde en biología no hay una asignatura que te enseñe a distribuir tus fotos, gráficas y tablas de una manera visualmente efectiva y armoniosa, y menos aun del uso del ilustrator.

Divulgador, y resulta que aunque te importe un pimiento lo que los demás piensen, y sepas que tus datos demuestran sin lugar a dudas que tu proteína fosforilada hace malabares, si no te presentas en un congreso con tus diapositivas y consigues que el público te entienda, como científico valdrías un poco menos.




Filósofo, por supuesto, no es casualidad que un doctor en inglés sea PhD, es decir Doctor of Phylosophy. Un filósofo es quien se pregunta cosas y busca las respuestas. Un investigador lo hace todo el tiempo, desarrolla hipótesis y trata de buscar aproximaciones experimentales para comprobarlas.

La gran diferencia es que los científicos, a diferencia de los filósofos, aunque ambos sean investigadores, finalmente comprueban sus hipótesis. No hay otra cosa que le guste más a un filósofo que una outstanding question…




Y esto es con lo que uno tiene que lidiar día a día.
Pero como es vocacional…

References:

Imágenes de www.phdcomics.com