viernes 23 de octubre de 2009

Las mil y una profesiones del científico actual




Alguna vez me he preguntado si en lugar de estudiar una (algunos dos) licenciatura, deberíamos estudiar unas cuantas para llegar a los niveles de conocimientos y técnicas que se nos exige en una carrera investigadora. Y es que el que me lea que se dedique a la ciencia, al menos en el campo de las “biociencias moleculares”, como está de moda llamarle ahora, estará de acuerdo con las habilidades que tenemos que exhibir a lo largo del día como si fuera para lo que se nos ha preparado en la licenciatura propiamente dicha (¡já!). Así, detallaré una serie de “profesiones” que uno tiene que desempeñar día a día en el laboratorio, o en su ámbito para progresar en este “mundillo” que es la ciencia.

Así un científico tiene que ser:

Ingeniero, porque un ingeniero es una persona que resuelve problemas, y un científico resuelve problemas a todas horas. Un científico tiene que diseñar experimentos, y tiene que tener en cuenta TODO: materiales, disponibilidad, personal, fondos, experiencia previa, y además tomar todo esto y hacerlo lo más óptimo posible (y ya sé que óptimo es un absoluto incuantificable).

Artesano, porque después de diseñar el experimento hay cosas que no están disponibles en el mercado, y entonces entra esa chispa creativa del artesano que con lo que tiene a mano y herramientas más o menos rudimentarias se monta el cacharro, aparato, o sistema que necesite. Aún recuerdo los sistemas de lentes acopladas a cajas de corcho blanco que había que montarse en el departamento de Genética de Sevilla para los experimentos.



Economista, microcentrífuga 5000€, varios anticuerpos, 1200€, tubitos de pre mix de PCR 250 €, pipeta multicanal 600€, varios siRNA, 1200€; que te gastes casi lo que tú ganas en un año en hacer un experimento y que el control negativo sea positivo (¡a la basura!) no tiene precio.

Cocinero, y no sólo porque seguir un protocolo es lo más parecido a seguir una receta, sino porque asó como cuando un buen cocinero se encuentra con “huecos” en la receta, tales como tiempos de cocción, o la especia que le falta para darle el último toque, un buen científico sabe por experiencia cómo rellenar los huecos de esos protocolos esqueléticos a los que se enfrenta habitualmente.



Médico, lejos del glamour del House resuelvelotodo, y del happy mundo donde todos se lían con todos de Anatomía de Grey, nosotros tenemos que aprender a abrir animalitos (véase ratas, ratones, zebrafishes) y hacerles cosas (véase implantarles tumores, sacarles órganos, sacarles fetos, insertarles embriones, qué bonito…), y a veces- sólo a veces- volver a cerrar y coser, y que no se mueran, que te jode el experimento que llevas preparando desde hace 5 meses… desfibrilo yo al ratón con los cables de la tele si hace falta.

Fotógrafo, y no hablo de la típica foto que vemos de un ratón gigante con el receptor de la hormona de crecimiento constitutivamente activo al lado de uno normal, no. Hablo de que un microscopio confocal es en esencia igual que una cámara digital…excepto porque en una cámara tienes diafragma, objetivo, iso y velocidad de obturación, y en un confocal además tienes líquidos de inmersión, potencia del láser, ganancia del sensor, configuración de filtros para diferentes longitudes de onda, posibilidad de hacer cortes en diferentes planos focales, y algunos parámetros más que volverían loco a cualquier fotógrafo. Y por si esto fuera poco, además de la fotografía digital, te tienes que meter en un cuarto oscuro, exponer con ayuda de un temporizador la película para los western blots, y después ponerle el líquido de revelado y de fijación…y todo a oscuras con la lucecita roja, como en las pelis.

Informático, y me vendréis diciendo que no, que el uso del ordenador está tan institucionalizado como el de la tele. Sí, pero apuesto a que cuando miráis el Facebook no estáis diciéndole qué algoritmo tiene que utilizar para mandarle la galleta de la suerte a tus amigos, cosa que uno tiene que hacer cuando trabaja con programas de alineamiento de secuencias. Y si hablamos ya de análisis transcriptómicos de microarrays, agárrate.



Diseñador gráfico, yo me río cuando veo a la gente yendo a cursos de diseño gráfico donde le enseñan a usar photoshop, ilustrator, flash, y programas de este tipo…me río porque a mi se me ha exigido su uso, sin pasar previamente por ninguna formación. Y es que las imágenes tan bonitas que uno ve en los libros de la carrera de proteínas interaccionando unas con otras, y las membranas perfectas con efecto de sombreado, esas las hace el becario de turno, fijo.

Escritor, porque un paper puede no ser el mejor ejemplo de literatura contemporánea, pero ¡oye, hay que escribirlo! Y no sólo vale con poner tus resultados…cuando uno tiene limitaciones de caracteres tiene que pensarse bastante la palabra que mejor define lo que quieres enseñar. Si Góngora levantara la cabeza y leyera un Nature.

Traductor, En pocas palabras, English is the new Latin.

Vendedor, porque no basta con que tu trabajo sea bueno, demuestres que has encontrado la piedra filosofal de la biología molecular, o hayas desarrollado ratones transgénicos que bailan la jota, además hay que saber vender la moto.

Mendigo, porque el científico actual (al menos en este país) tiene que desarrollar hasta sus últimas consecuencias el arte de “dame argo, ¿no?”. Hay que poner cara de hambre, pero a la vez tienes que convencer de que vas a salvar el mundo para que suelten la pasta. Bueno, reconozcamos que este punto podría entrar en "vendedor", al fin y al cabo, tú no le abres la puerta a la yonki que pide leche, igual que no se la abres al tipo enchaquetado que vende enciclopedias.



Arqueólogo, o cómo encontrar ese paper de 1976, crucial para tu tesis, que resulta que la revista que lo publicó, ha decidido digitalizar sólo desde 1995, y la única copia que hay en la ciudad está en un sótano de la hemeroteca de la facultad de medicina de la Complutense. Y si tienes la suerte de encontrar la ubicación entre los pasadizos del edificio sin perderte, además de encontrar la hemeroteca abierta, si además te permiten el acceso a él, y lo ves en una de las vitrinas polvorientas (que probablemente aun tengan las huellas de Ramón y Cajal) todavía puede que se lo hayan comido las polillas. Bueno y no digamos volver a salir de ese sótano, digno de Indiana Jones (yo probé a llamar a emergencias, pero ahí no hay cobertura).

Maquetador gráfico, porque las figuras no se montan solas, y no basta con obtener las imágenes, escanear los geles y escribir los textos, no, hay que montar las figuras. Y que yo recuerde en biología no hay una asignatura que te enseñe a distribuir tus fotos, gráficas y tablas de una manera visualmente efectiva y armoniosa, y menos aun del uso del ilustrator.

Divulgador, y resulta que aunque te importe un pimiento lo que los demás piensen, y sepas que tus datos demuestran sin lugar a dudas que tu proteína fosforilada hace malabares, si no te presentas en un congreso con tus diapositivas y consigues que el público te entienda, como científico valdrías un poco menos.




Filósofo, por supuesto, no es casualidad que un doctor en inglés sea PhD, es decir Doctor of Phylosophy. Un filósofo es quien se pregunta cosas y busca las respuestas. Un investigador lo hace todo el tiempo, desarrolla hipótesis y trata de buscar aproximaciones experimentales para comprobarlas.

La gran diferencia es que los científicos, a diferencia de los filósofos, aunque ambos sean investigadores, finalmente comprueban sus hipótesis. No hay otra cosa que le guste más a un filósofo que una outstanding question…




Y esto es con lo que uno tiene que lidiar día a día.
Pero como es vocacional…

References:

Imágenes de www.phdcomics.com

domingo 4 de octubre de 2009

Cuestión de costumbres


Dice la canción que es cuestión de tiempo, pero el tiempo no hace nada, el tiempo es una medida, como lo son la distancia o el volumen. Es cuestión de rellenar el tiempo, es cuestión de observar, de pensar, y sobre todo de hacer.
En un año caben más cosas que un segundo, por supuesto. Pero un año puede estar más vacío que una milésima. Ha pasado un año, y aunque mi tiempo no ha estado vacío, aun necesito seguir procesando algunas cosas que esta ciudad me propone cada día.
Aun trato de quedar con amigos en el mismo día, sin avisar con tiempo; todavía pienso que se puede llegar a cualquier sitio en media hora (aunque haya metro eso no es cierto en absoluto), y cuando salgo del laboratorio los viernes por la tarde echo de menos tomarme algo en el bar con los compañeros. Sigue haciéndoseme raro que hayan más de dos clubes posibles para ir el Sábado, y que a partir de las tres, por menos de diez euros te quedas en la calle. Además se me hace rarísimo no encontrarme con los de siempre en esos clubes. Los tallarines de las 4 de la mañana no me sientan tan bien, y no estoy acostumbrado a desayunar pan de molde y café con tantísima leche, entre otras cosas.
Ha pasado un año, y aun no me acostumbro, aunque “esté repitiendo curso”, pero lo más importante es que, aunque me queden cosas que aprender de aquí, los detalles a los que no me acabo de acostumbrar son, sólo éso, detalles.

sábado 29 de agosto de 2009

Así es como deberían ser los museos antes.




Un edificio de planta rectangular pero casi cuadrada, de un estilo que un profano como yo no sabría si calificar como neoclásico, orientalista, o una extraña mezcla de ambos.

En la guía dice que albergó la primera colección de arte danés y que ahora contiene un monográfico sobre el gran escultor de Copenhaguen Thorvaldsen.

Es mucho más pequeño que sus edificios hermanos y menos riguroso. Las pinturas de sus paredes, su color entre rosa y anaranjado y la ausencia de las tan manidas columnas le apartan de las grandes pretensiones de los palacios, bibliotecas y museos que cohabitan en esta suerte de isla. Destaca. Desde fuera se mira a sí mismo en unas de esas pequeñas fuentes tipo “charco” que se pueden encontrar por doquier en esta ciudad. Un árbol le acompaña a su derecha, como un compañero tan solitario como el mismo edificio.

Irónicamente, las grandes puertas cerradas de la entrada invitan a uno a marcharse. Son varias puertas, como si hubiera sido concebido para dejar entrar tanto a los curiosos como a la luz, pero se cierran, como si los que ahora vivimos no fuéramos lo suficientemente dignos para descubrir sus secretos. Pero uno es perro viejo, y sabe que los postigos son por necesidad, no por gusto, y rápidamente se busca la omnipresente entrada lateral. No hay colas, no hay ni siquiera curiosos, estupendo.Wed. free dice un escueto cartel pegado a una puerta de cristal, 40 DKK menos, se agradece. Dentro el aire sabe a añejo, y sólo se ve una pequeña entrada a recepción. Un amable recepcionista me invita a pasar y me vuelve a recordar que es gratis, y que suelte el backpack. Lo suelto todo excepto la cámara y el dinero (nunca se sabe), y comienzo a caminar...

Una larga galería con bustos, esculturas de cuerpo entero y relieves. Nada que no encuentres en cualquier otro museo...excepto porque este museo parece que no ha cambiado nada en 100 años. La luz es prácticamente la que entra por las ventanas a través de un atrio central, el aire sigue oliendo a viejo, a madera antigua. No se oye nada, no se ve a nadie, las esculturas son los testigos mudos de mi presencia. Cada una de ellas tiene su título y número de registro en su pedestal, sin carteles, sin fechas, sin traducciones. Dioses romanos, y bustos de reyes se mezclan con figuras de niños y filósofos de la antiguedad. No encuentro ningún orden a la disposición de las figuras, pero tampoco se lo busco. Continuo mis pasos, las estatuas desfilan sobre un suelo de perfecto mosaico y un techo azul estrellado. Giro una esquina y continuo hacia adelante como poseído, giro la siguiente y aparece una gran figura de Jesucristo rodeado por los 12 apóstoles, con Matías en lugar de Judas Iscariote, por supuesto. En el centro un ángel en posición de entrega, de dádiva, mirando hacia el atrio, así deberían haber sido los templos romanos, pienso. Me asomo al patio y solemnidad del momento es sacudida por dos irreverentes palmeras pintadas en una de las paredes, y recuerdo donde estoy. Así deberían ser los museos antes, pienso.

Concluyo mi vuelta por la planta baja, y apenas me recupero de la impresión, cuando recuerdo el plano que me dio el señor recepcionista, y soy consciente de la existencia de dos plantas más. Al mismo tiempo entra un grupo de...forty five turistas, según el guía, que junto con el plano impreso, que ahora sostengo, rompen del todo la magia de este sitio, al fin y al cabo es 2009, y así son los museos ahora.

domingo 26 de julio de 2009

Superficialidad y Prejuicios (I/II)





Creído
Falso
Ególatra
Sibarita
Acomplejado
Orgulloso
Pedante
Fiestero
Antipático
Superficial

Todo esto y algunas cosas más me han llamado los que no han llegado a conocerme, e incluso los que me conocían bien pero no supieron ver más allá de sus propios prejuicios. Supongo que algo de razón tendrán, en definitiva este repaso puede considerarse un acto de egolatría autosatisfactoria. Admito mi sibaritismo, admito que he podido tener y tengo (como todo el mundo) mis complejos. Admito mostrarme orgulloso de mis logros y admito que a veces demuestro innecesariamente mis conocimientos acerca de algo, pero soy un poco más “friki” que pedante. Pero nada de ello me parece algo que deba avergonzarme como negativo. En contraposición a los atributos arriba mencionados que no admito, puedo decir a mi favor que los que me conocen bien me definen como genreoso, simpático, conversador, abierto de mente, sin complejos, creativo, paciente, moderado, sosegado, apasionado, inteligente, analítico y nada superficial.

No se, no me gusta definir mi personalidad, y no me gusta definir las personalidades como una serie de atributos bipolares, creo que es algo más complejo. Suelo decir que me da un poco igual lo que la gente piense de mí, pero, no se, hoy me apetecía hacer este repaso, para llegar a unas conclusiones interesantes. Para ello me gustaría centrarme en el rasgo “Superficialidad”.

Superficial.
(Del lat. superficiālis).
1. adj. Perteneciente o relativo a la superficie.
2. adj. Que está o se queda en ella.
3. adj. Aparente, sin solidez ni sustancia.
4. adj. Frívolo, sin fundamento.

Si hablamos de personalidad, hay que centrarse en los puntos 3 y 4. Aparente sin solidez ni sustancia, frívolo, sin fundamento. Es decir, aparentar, fachada, que no va más allá de lo que se ve. Es decir, los que me han definido como superficial defienden que no soy más que lo que se ve, que no dispongo de una rica vida interior, que mis conocimientos culturales no van más allá de lo que flota en la superficie, de una banal conversación del día a día. También que dedico mucho más tiempo y esfuerzos a formar una imagen de mi mismo, una fachada bien pintada y maquillada que invita a entrar en una puerta que lleva a un vestíbulo vacío. O quizás que soy una persona frívola, fría, que antepone su satisfacción personal a cualquier bien ajeno, es decir, una definición más cercana a egoista. Hasta aquí la definición del carácter “superficial”

Ahora bien, los que me han llegado a conocer coinciden en mi apariencia de distante, frío y poco sociable, que es bruscamente rota cuando se establece un primer contacto, en el que empiezan a verme como cercano, cálido y muy sociable. Repito, esto es lo que me dicen, yo no sería capaz de apreciarlo sin la opinión de mis amigos. Una vez lo he apreciado me he dado cuenta que esto responde a un rasgo muy mío, pero que poca gente asocia a mí: la timidez. Me considero tímido, una timidez de primer contacto, no una timidez patológica. Sin embargo, mientras en otros esta timidez arroja un halo de “chico callado que dan ganas de abrazar”, en mi se manifiesta como en “chico altivo, frío, distante, demasiado bueno y orgulloso para dirigirte la palabra”. Apuesto a que esto explica en parte el porqué de los atributos mencionados al principio de esta entrada. Volviendo a la superficialidad, recuerdo a alguien que siempre me pareció algo superficial, que curiosamente me definió abiertamente como superficial, siempre que me acuerdo de esta persona, me rio, más que nada porque nunca llegó a conocerme, y eso es porque me parecía un capullo y era yo el que no tenía ganas de conocerle. Es verdad que cuando te muestras frío ante alguien que no te cae bien y en los pocos acercamientos forzosos que se tienen se trata de ser lo más superficial posible y no profundizar en nada, das esta imagen de superficial.

La persona de la que antes hablaba y yo teníamos diferentes visiones de la vida y , por supuesto, diferentes valores. Creo que eso lo explica casi todo: la prioridad de los valores de cada individuo, pero no tengo ganas de escribir un capítulo de un libro de ética de 4º de ESO, voy a ir a otra cosa más mundana y tangible que está relacionado con la superficialidad de forma redundante e incluso paradójica: los prejuicios.

jueves 25 de junio de 2009

Teoría de la relatividad del tiempo y de la inevitable finitud de la repetición arbitraria establecida

[h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h][h]

[ Dos perros pasean por la sombra ]


[h]



[La noche de tus ojos detuvo hasta el reloj de arena]

[ h ]


[Mañana me pongo]

[ ]



[ La ] [muerte] [del] [ TIEMPO ]
(es mucho más que una sopa de letras)


Necesito dos corchetes rellenos de infinitud en todas las dimensiones, bajo un ventilador y sobre unas sábanas con olor a lavanda. Necesito eso con la luz de la tarde tamizada sobre una pared perlada de la que cuelgue, descolocada, una postal vieja como el tiempo y verme los dedos de los pies para entender mi dominio.

lunes 30 de marzo de 2009

No en mi nombre.

Lo de los grupos vinculados a la iglesia en cuanto a la nueva ley para regularizar el aborto ya pasa de castaño a oscuro.

Por lo visto han conseguido reunir firmas de biólogos y médicos en contra del aborto porque "existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación". Otra prueba de lo aberrante que es la iglesia y la derecha en este país... aunque no se si quedaba duda después de lo de la campaña del lince: manipulación, demagogia, exageración y sobre todo es patético...

Los que firman el manifiesto antiabortista, yo no se quienes son, pero hacen muy mal en llamarse a sí mismos científicos: esto no es el campo de la ciencia.

Así lo han comprendido y han reacccionado firmando un contramanifiesto "En contra de la utilización ideológica de los hechos científicos" los que son realmente la élite científica, a algunos de los cuales tengo el placer de conocer personalmente. Vamos la creme de la creme, con publicaciones en las revistas más prestigiosas y con fondos de investigación de las instituciones más exigentes. Para que vengan a decir que lo mismo son unas firmas que otras, en fin...Yo aquí, humildemente me uno a ellos.

Joder ya lo que faltaba es que esto se convierta en un nuevo Estados Unidos, donde se utilizan argumentos científicos distorsionados para defender ideas religiosas trasnochadas.

¡Coño ya! Estas cosas me tocan la fibra.

jueves 12 de febrero de 2009

Hoy hace 200 años

El 12 de Febrero de 1909 nació Charles Darwin. Cincuenta años después publicaría un pequeño libro con un título claro y contundente, "El origen de las especies". Así Darwin condensó una idea, que si bien no era nueva, era por primera vez expuesta de manera científica, es decir, apoyada en hechos y observaciones, y no en meras elucubraciones mentales. Al contrario de lo que la gente suele pensar, Darwin no “inventó” la teoría de la evolución. La idea de evolución de los seres vivos es mucho más antigua, por supuesto. Darwin ideó el concepto de selección natural, una idea que parece simple pero que por su simpleza hace falta verla a diferentes niveles y comprender su magnitud para entenderla. Una vez entendida, aceptarla viene de forma natural. Así estructuró una teoría evolutiva basada en la observación objetiva, cuya simpleza y belleza hace que en ella quepa hoy día desde las teorías de selección de poblaciones hasta las de evolución a nivel molecular.

Darwin es frecuentemente criticado, además de por los fundamentalistas, por biólogos que leen su libro y, decepcionados, atacan su ingenuidad o sus conclusiones, a veces, equivocadas. ¡Necios!, que lástima que a los biólogos no se nos explique el contexto histórico o la historia de la Ciencia, quizás necesaria para reconocer lo que este hombre fue capaz de pensar a mediados del siglo XIX. Sin embargo son más las alabanzas que le profesan, y que se fortalecen con el paso de los años: genética, biología molecular, biología celular, bioquímica, embriología, desarrollo, cada uno de estos campos de estudio han encontrado su teoría cierta y útil, y los descubrimientos e inmensos avances de conocimiento y de técnica la han apoyado y se han utilizado para corroborarla una vez tras otra. El 99% de lo que se hace hoy día en biología o incluso en medicina, responde a la Ley Evolutiva, es decir, veo la Evolución cada día cuando me levanto y voy al laboratorio.

200 años después hay quien niega la Evolución (término que, por cierto, Darwin no utilizó en su libro hasta la última frase del mismo), en su gran mayoría por su incompatibilidad con el concepto de creación divina. Afortunadamente son pocos, desafortunadamente poderosos. La Evolución según Darwin desplazó al ser humano del centro y lo colocó en la región terminal de una ramita, al lado de los monos y a la misma altura que los platelmintos. Después del desplazamiento copernicano de nuestro mundo, este golpe fue muy duro para un ser humano tan antropocéntrico como siempre. El ser humano hace su Dios a su imagen y semejanza. Después se dice humilde ante los ojos de su ídolo, pero es incapaz de aceptar que alguien ponga en entredicho su superioridad. ¿Hay alguna actitud más arrogante? No se, pero estoy seguro de que cuando el bueno de Charles terminó su libro, aunque supo de la importancia de lo allí escrito, su humildad no le dejó ver la magnitud de las implicaciones que supondría. Al fin y al cabo, él sólo era un hombre.